La pregunta de las preguntas – [pens.]
¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son preguntas filosóficas esenciales. Pero hay otra pregunta, si cabe, más importante: ¿Cómo hacer felices a los demás, incluyéndome a mí mismo? Esta pregunta puede subdividirse en otras: ¿Cómo contribuir al bienestar de la humanidad, a la justicia global, a ayudar a la realización de otras personas? ¿Cómo erradicar guerras, violencia, y toda acción humana que produzca sufrimiento? Aunque la referencia a “uno mismo” no aparece en estas preguntas subordinadas, sí está implícita en todas ellas. En la humanidad, en la universalidad del bien e incluso en el subconjunto “los demás” yo estoy comprendido. La división entre el “yo” y “los demás» es sólo una división que establece el lenguaje cuando focaliza uno u otro término (como el aire de la cocina y el aire del salón), pero en realidad no puede ser establecida como una separación entre compartimentos estancos, pues el “yo” y “los demás” existen en interrelación. Así la pregunta anterior podría simplificarse de esta forma: ¿Cómo hacer felices a los demás? (que veremos que es otra forma de la pregunta ¿cómo amar a los demás? ), en el entendido de que si la acción cumple su propósito, yo siempre estaré incluido en ella (es decir, seré tanto sujeto como objeto).
Esta es la pregunta principal y aplicándose a responderla con actos, es como cobrará sentido la propia vida. La respuesta activa a esta cuestión también puede aplicarse a las otras preguntas fundamentales, sólo que en este caso el conocimiento se origina en la experiencia de la acción (yo soy un ser que amo) y no sólo desde la especulación. Así, el conocimiento que podemos adqurir sobre nosotros mismos será mayor que si sólo nos interrogamos sobre nuestra identidad o pensamos únicamente en nuestra felicidad. Podríamos pensar que sólo podemos amar si conocemos quienes somos, pero en realidad está mal planteado: no será el conocimiento sobre mí el que me hará amar, sino la práctica del amor la que me revelará mi identidad y la del otro. Cuando vamos más allá de la especulación mental (quién soy) y nos adentramos en la praxis del amor, el verdadero significado del binomio “yo-otro” se nos revela. El “yo” individual siempre es un “yo” con el otro, pues se desarrolla “en” y “con” el otro; sólo puede existir si el otro existe. Los conceptos de individuo y de humanidad son interdependientes.
La pregunta de la filosofía moral: ¿Qué debo hacer? es un subconjunto de la pregunta ¿cómo hacer felices a los demás? (incluyéndome a mí mismo) y no al revés. Si esto es así, la pregunta moral “qué debo hacer”, estaría mejor planteada de alguna de estas formas (o de todas ellas conjuntamente): “cómo hacer el bien, cómo amar, cómo hacer felices a los demás”. El Bien, la Felicidad, el Amor, son todo lo que hay (el bien es aquello a lo que todas las cosas tienden, según Aristóteles). En nuestro lenguaje diferenciamos estas palabras, pero en nuestra experiencia y en nuestro corazón podemos sentir su unidad. Si el Bien es el referente infinito de nuestra moral cualquier acto finito que pueda hacerse será un bien más o menos desarrollado, por tanto, es más general preguntarse sobre el bien de la propia acción que sobre el tipo de acción a realizar. Para el filóso Agustín el mal es la ausencia de bien, es decir, no tiene una entidad positiva, aunque sus manifestaciones afecten al mundo. Esta es una tesis apasionante que cambia el enfoque de nuestra acción moral propia y colectiva. Si una habitación está a oscuras deberemos iluminarla y no combatir la oscuridad con espadas y conjuros (pues la oscuridad es la ausencia de luz). De la misma forma, socialmente combatiremos mejor el mal si lo interpretamos como un bien poco desarrollado. En vez de luchar o reprimir el mal de las personas es mejor actuar para desarrollar su bien.
Si esto es así ¿por qué no procuramos responder a esta pregunta? En un mundo de modas pasajeras y de placeres efímeros, donde consumimos privadamente una felicidad-basura que resulta casi siempre insuficiente e indigesta, ¿por qué no nos proponemos, sinceramente, incluir a los demás en nuestra búsqueda de felicidad? El amor es la respuesta.
José Beuter
[pensamiento 11/16/4-3-15]
© 6-2015