Es fácil quitar una vida – [Pens.]

Parece simple. Un segundo… aprietas un gatillo, clavas una daga, revientas una cabeza, envenenas, ahogas, quemas, decapitas, fusilas, agarrotas, guillotinas. Lanzas una bomba, Lanzas mil bombas…

Parece simple y rápido. Es fácil quitar una vida, es fácil quitar miles de vidas instantáneamente.

Imaginemos, por un momento, la vida de un ser humano desde que nace: segundos, horas, días, meses, años, abriéndose camino y avanzando poco a poco. La vida se toma mucho trabajo en formar a una persona. El bebé que, tal vez, la madre meció y acurrucó, y que luego aprendió a caminar y a hablar. El niño o niña que pasó años en la escuela (o en la calle) aprendiendo mil cosas. El adulto que, quizás, ya había construido una identidad, una familia y una vida. Y, de repente, en cualquier punto de la línea temporal de esa existencia, un criminal desalmado, pone el punto final, merced a un acto de violencia infinita, egoísta y de injusticia inenarrable.

El asesino se lo arrebata todo a la víctima, no sólo su vida, sino también el sentido, interacciones potenciales y finalidad de su vida presente (como constructo de todo su pasado) y su futuro, y, en muchas ocasiones, el presente y futuro de sus seres queridos. Pero ¿y si se da muerte a un asesino confeso? Incluso en este caso, la pena de muerte no deja de ser otro crimen que también arrebata todo a la persona, incluso la posibilidad de cambio y redención. Evidentemente no podemos condenar moralmente el crimen si nosotros hacemos lo mismo (aunque llamemos a este último «justicia legal»); ni tiene sentido introducir, con la pena de muerte, el derecho legal a matar, como forma de combatir «el matar».

Guerras, asesinatos individuales y colectivos, originados por: conflictos, poder, venganzas, robo, envidia, honor y tradición (mal entendida), justicia alienada, violencia de género. Podemos hallar centenares de motivos por los que el ser humano mata y asesina. El asesinato y el crimen colectivo ha sido una constante en la historia, hasta nuestros días. El avance tecnológico no ha comportado un progreso moral. Sólo en cualquiera de las dos últimas guerras mundiales se han asesinado millones de personas; muchas de ellas instantáneamente, con la simple y fría pulsación de un dispositivo (como Hiroshima y Nagasaki, y los crueles bombardeos de todos los bandos), otras, tras penosos sufrimientos, como en el Gueto de Varsovia, el Holocausto nazi, o las purgas de Stalin y Mao, entre otros muchos crímenes masivos.

El asesinato individual y la guerra, (que es el crimen entre colectivos), tienen la misma raíz perversa. Y no cabe pensar que las guerras justas serían una excepción porque no hay guerras justas. La historia lo demuestra. Y si en alguna ocasión pudo parecer que había una guerra justa, como cuando el mundo luchó contra el horror del nazismo, el comportamiento de las naciones adversarias la desmintió, pues no fueron mucho mejores moralmente. Sólo hace falta recordar que Stalin asesinó a muchas más personas que Hitler, y que, por ejemplo, los bombardeos convencionales de ciudades alemanas (Dresde, Hamburgo) y japonesas, fueron una masacre (crímenes contra la humanidad). Sólo en Tokio entre 88.000 y 125.000 personas murieron en un bombardeo con bombas incendiarias, lo que supone más víctimas inmediatas, que las que hubo en los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki (entre 105.000 y 120.000 víctimas iniciales -posteriormente se estima que la cifra aumentó hasta 246.000, a finales de 1945-. De muchos otros horrores fueron también autoras las potencias vencedoras y sus líderes.

Sobra violencia en el mundo, sobran asesinos. Pero sería equivocado demonizar a una parte de la sociedad y redimir a otra. Sería un reduccionismo pensar que la violencia es responsabilidad de sólo unos cuantos. La violencia está demasiado insertada en el tejido humano como para señalar como responsable a sólo una facción. Cierto es que hay muchas personas inocentes que nunca, por acción u omisión, han cometido crímenes, pero los seres humanos somos corresponsables de la violencia social e institucional en la medida en la que la constatamos y no hacemos nada por erradicarla. Nuestra cultura es violenta: lo son muchas de nuestras escuelas, libros, películas; muchas de nuestras relaciones sociales, familiares, laborales y de poder. Nuestra resignación e inacción sobre la violencia la alimenta.

Las escuelas en muchas zonas del mundo perpetúan una sociedad violenta con el culto directo o indirecto a las armas, una interpretación sesgada de la historia y cierta complacencia en la violencia cotidiana.  La violencia está enquistada en la cultura, en los medios de comunicación y en el ocio. Esta violencia aceptada, «culturizada», transmitida y perpetuada, que se consume diariamente, no es sólo la violencia entre seres humanos, sino también la violencia hacia los animales, a los que torturamos por pura diversión (disfrazada de cultura o tradición), y sobre los que experimentamos y utilizamos como alimento.

 Hemos crecido aceptando la violencia como un hecho natural, convertido en hobby, cultura y ocio.  Si alguien cree que exagero que reflexione sobre un simple ejemplo (sobre muchos otros posibles): Podemos ver en una sencilla película del Oeste, (proyectada en colegios, o vista en familia en la tele, o en el cine) el desprecio total por la vida humana, apreciable en la intrascendencia con la que se trata el asesinato y la violencia. Escena posible: parapetados tras un círculo de carretas un grupo de vaqueros, pertrechados con armas de fuego, disparan a indios que atacan con arcos y flechas. Mientras los vaqueros disparan, cuentan anécdotas, bromean y compiten contando los indios que lleva abatidos cada uno (esta es una película real.) Los indios caen uno tras otro, pero ¿a quién le importan los indios? Las imágenes no se detienen en reflejar la agonía o el dolor de los heridos. Tampoco reflejan el pasado y la historia de cada uno de los muertos. La cámara pasa veloz y trivialmente sobre los jinetes abatidos como moscas, mientras resuenan las risas y bromas de los vaqueros. Hay padres que compran a sus hijos pistolas de juguete, o juegos bélicos. Total, – «¡Si los niños siempre han jugado a estas cosas…! De mayores (e incluso aún niños) algunos se aficionan al boxeo, a la caza o a espectáculos tan denigrantes y primitivos como los toros. Es el placer de ver como dos personas se pegan hasta caer desmayados, o el gusto de abatir a un ser vivo uno mismo, o disfrutar de la tortura y sufrimiento de un animal.

El caso es que vivimos una violencia cotidiana que abarca, y se manifiesta en, muchos aspectos sociales y «culturales». El cine ha trivializado las guerras y las ha convertido en ocio. Hoy en día cualquier niño americano come palomitas mientras ve un espectáculo de lucha libre, juega a un videojuego de «matar» o visiona una película de guerra con centenares o miles de muertos. Lo malo es que esa película se ofrece con frecuencia a la juventud (y a la infancia) no como hechos ya históricos, ya simulados, de los que aprender lecciones éticas, sino como ocio y disfrute de la acción violenta, por sí misma, como algo natural y deseable. Hoy en día las películas son cada vez más violentas y cada vez están más al alcance de los niños.

¿Cómo podemos crear una sociedad pacífica de esta manera? Si cada uno no exige en su entorno social inmediato, y también en su país, que cese todo tipo de violencia y de apología de la misma,  ¿cómo puede esperar, entonces, que desaparezca la violencia en el mundo?

Como decía al principio: Parece simple y rápido. Es fácil quitar una vida, es fácil quitar miles de vidas instantáneamente. Pero no se puede eludir la responsabilidad, la ruindad moral, como tampoco eliminar el sufrimiento ni el daño causado. También es imposible reparar o reponer esa vida. Por eso, cuando la violencia cae en el extremo perverso de segar vidas el causante se convierte en un verdadero zombi. El asesino tiene aspecto de persona pero en realidad es como un muerto viviente (de la persona sólo le queda la carne), y aún más, es  un ser monstruoso, incapaz de experimentar sentimientos como la piedad o de darse normas morales. Para acabar con la violencia no hay que justificarla nunca. Hay que señalarla, denunciarla públicamente y no alimentarse de ella, ni alimentar con ella a la infancia, como espectáculo u ocio. Mostrémosles, por el contrario, el respeto y cuidado que se debe a toda vida.

Contrariamente a lo expresado en una obra de Vigicio: «Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum» (quien deseara la paz, se debiera preparar para la guerra), el que desee la paz debe construirla. La paz no se alcanzará hasta que la humanidad no se comporte pacíficamente y eso significa no sólo erradicar la violencia de la cultura y de las relaciones sociales, sino establecer unas relaciones humanas armónicas basadas en el respeto mutuo, en la cooperación y en la no instrumentalización de los demás. Debe cesar el expolio de unos países sobre otros. Debemos compartir la riqueza del planeta y la tierra, empezando por los más desfavorecidos.

La destrucción de la humanidad y del mundo no es una quimera, está en el horizonte de posibles (y probables) futuros. La humanidad sólo sobrevivirá como tal si aprende a ser activamente pacífica, solidaria, respetuosa y cooperativa. Nuestro progreso (geométrico) científico y armamentístico, nuestra capacidad tecnológica de infligirnos daño será la responsable de nuestra segura destrucción si no somos capaces de cambiar y establecer una paz verdadera basada en unas relaciones humanas respetuosas y fraternales.

José Beuter

[Pensamiento 12/16/27-12-2016]

© 12-2016

La Paz -Navidad 2016-

LA PAZ

Paz no es sólo ausencia de conflictos,

no es un hecho estático sino dinámico.

La paz es la consecuencia directa del amor.

Se nutre del cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento hacia los demás.

*

Muchos hablan de paz, pero pocos saben cultivarla y hacerla crecer.

No podemos crear paz si somos responsables, de alguna forma, del sufrimiento ajeno.

No tendremos paz si, aun no siendo responsables, miramos hacia otro lado ante el mismo.

No habrá paz si olvidamos nuestra corresponsabilidad en el bienestar global, de todo ser humano, de toda vida y del planeta.

*

La paz no es la paz contractualista del: «no te daño si no me dañas»,

esa paz nunca ha durado ni ha sido auténtica.

La paz es el bien por el bien mismo,

el respeto sin condiciones,

la medida de nuestra humanidad.

*

INGREDIENTES DE LA PAZ:

– Amar a los demás, que implica:

– Ayudar a quienes lo necesiten

– Ser responsable de los demás, es decir, involucrarse, estar dispuesto a responder

ante sus penas y miserias

– Respetar a todas las personas y no convertir a nadie en mero instrumento de los propios fines

– Conocer a los demás, sus necesidades y anhelos en la medida de lo posible

Amar y respetar también a toda vida sintiente, capaz de experimentar miedo y dolor

– Cuidar nuestro planeta vivo

La paz será, así, la consecuencia natural de nuestras acciones de amor

*

TE DESEO UNAS FIESTAS LLENAS DE VERDADERA PAZ Y AMOR.

FELIZ NAVIDAD 2016 Y MEJOR AÑO 2017.

José Beuter Navidad 2016

 

José Beuter

La pregunta de las preguntas – [pens.]

P1050245¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son preguntas filosóficas esenciales. Pero hay otra pregunta, si cabe, más importante: ¿Cómo hacer felices a los demás, incluyéndome a mí mismo? Esta pregunta puede subdividirse en otras: ¿Cómo contribuir al bienestar de la humanidad, a la justicia global, a ayudar a la realización de otras personas? ¿Cómo erradicar guerras, violencia, y toda acción humana que produzca sufrimiento? Aunque la referencia a “uno mismo” no aparece en estas preguntas subordinadas, sí está implícita en todas ellas. En la humanidad, en la universalidad del bien e incluso en el subconjunto “los demás” yo estoy comprendido. La división entre el “yo” y “los demás» es sólo una división que establece el lenguaje cuando focaliza uno u otro término (como el aire de la cocina y el aire del salón), pero en realidad no puede ser establecida como una separación entre compartimentos estancos, pues el “yo” y “los demás” existen en interrelación. Así la pregunta anterior podría simplificarse de esta forma: ¿Cómo hacer felices a los demás? (que veremos que es otra forma de la pregunta ¿cómo amar a los demás? ), en el entendido de que si la acción cumple su propósito, yo siempre estaré incluido en ella (es decir, seré tanto sujeto como objeto).
Esta es la pregunta principal y aplicándose a responderla con actos, es como cobrará sentido la propia vida. La respuesta activa a esta cuestión también puede aplicarse a las otras preguntas fundamentales, sólo que en este caso el conocimiento se origina en la experiencia de la acción (yo soy un ser que amo) y no sólo desde la especulación. Así, el conocimiento que podemos adqurir sobre nosotros mismos será mayor que si sólo nos interrogamos sobre nuestra identidad o pensamos únicamente en nuestra felicidad. Podríamos pensar que sólo podemos amar si conocemos quienes somos, pero en realidad está mal planteado: no será el conocimiento sobre mí el que me hará amar, sino la práctica del amor la que me revelará mi identidad y la del otro. Cuando vamos más allá de la especulación mental (quién soy) y nos adentramos en la praxis del amor, el verdadero significado del binomio “yo-otro” se nos revela. El “yo” individual siempre es un “yo” con el otro, pues se desarrolla “en” y “con” el otro; sólo puede existir si el otro existe. Los conceptos de individuo y de humanidad son interdependientes.
La pregunta de la filosofía moral: ¿Qué debo hacer? es un subconjunto de la pregunta ¿cómo hacer felices a los demás? (incluyéndome a mí mismo) y no al revés. Si esto es así, la pregunta moral “qué debo hacer”, estaría mejor planteada de alguna de estas formas (o de todas ellas conjuntamente): “cómo hacer el bien, cómo amar, cómo hacer felices a los demás”. El Bien, la Felicidad, el Amor, son todo lo que hay (el bien es aquello a lo que todas las cosas tienden, según Aristóteles). En nuestro lenguaje diferenciamos estas palabras, pero en nuestra experiencia y en nuestro corazón podemos sentir su unidad. Si el Bien es el referente infinito de nuestra moral  cualquier acto finito que pueda hacerse será un bien más o menos desarrollado, por tanto, es más general preguntarse sobre el bien de la propia acción  que sobre el tipo de acción a realizar. Para el filóso Agustín el mal es la ausencia de bien, es decir, no tiene una entidad positiva, aunque sus manifestaciones afecten al mundo. Esta es una tesis apasionante que cambia el enfoque de nuestra acción moral propia y colectiva. Si una habitación está a oscuras deberemos iluminarla y no combatir la oscuridad con espadas y conjuros (pues la oscuridad es la ausencia de luz). De la misma forma, socialmente combatiremos mejor el mal si lo interpretamos como un bien poco desarrollado. En vez de luchar o reprimir el mal de las personas es mejor actuar para desarrollar su bien.

Si esto es así ¿por qué no procuramos responder a esta pregunta? En un mundo de modas pasajeras y de placeres efímeros, donde consumimos privadamente una felicidad-basura que resulta casi siempre insuficiente e indigesta, ¿por qué no nos proponemos, sinceramente, incluir a los demás en nuestra búsqueda de felicidad? El amor es la respuesta.

José Beuter

[pensamiento 11/16/4-3-15]
© 6-2015

Qatar, la esclavitud del petrodólar (autor: David Bollero)

Nota: El excelente artículo «Qatar, la esclavitud del petrodólar» ha sido publicado en este blog con el permiso de su autor, el periodista David Bollero, al que, desde esta página, doy las gracias por su amable ofrecimiento. El artículo se publica íntegramente, sin ningún menoscabo o modificación de su contenido.
Puede consultarse el original en el blog de David Bollero: Posos de Anarquía
http://www.pososdeanarquia.com/2013/02/qatar-la-esclavitud-del-petrodolar.html


 

Qatar, la esclavitud del petrodólar

PososAnarquía_Habitación+de+Campo+de+Trabajo_Sam+Tarling+(HRW)

Qatar es un pequeño estado del Golfo Pérsico – ni siquiera alcanza los 12.000 kilómetros cuadrados de extensión-, una ex colonia británica que se independizó en 1971 y que desde 1995, cuando el jeque Hamad Al Thani depuso a su propio padre tras un Golpe de Estado, ha vivido una etapa de aperturismo comercial. Así lo atestiguan sus numerosos Acuerdos de Libre Comercio y de Promoción y Protección de Inversiones suscritos con media Europa, China, Corea, India o Cuba entre muchos otros.

Gracias a sus enormes reservas de hidrocarburos se ha convertido en uno de los países más ricos del mundo (más de 170.000 millones de dólares de PIB), creciendo a ritmos que superan el 15%. En 2011, el FMI le declaró el país más rico en términos de PIB per cápita, con una tasa de desempleo inferior al 1%.

Así las cosas, no sorprende que muchos de los países occidentales cuyas economías han sido golpeadas en su línea de flotación tras el estallido de la burbuja inmobiliaria estén mirando a los países del Golfo y sus petrodólares. Más aún con el horizonte que abre ante sí la celebración del Mundial de Fútbol en 2022 en términos de generación de nuevas infraestructuras. España no es una excepción y empresas del IBEX 35 como OHL o Iberdrola, así como otras constructoras como la alicantina Ecisa, ya se encuentran trabajando en la región (aunque ante la invitación de participar en este reportaje optaron por el silencio como respuesta).

Si el sector de la construcción ya absorbe el 40% del empleo según la Oficina de Estadística de Qatar, con las obras planificadas la cifra se disparará: las previsiones hablan de inversiones por encima de los 125.000 millones de dólares en los próximos seis años. Un aeropuerto internacional, cuyo coste rondará los 7.000 millones de dólares; un puerto marítimo de 5.500 millones de dólares y más de 20.000 millones en nuevas carreteras y autopistas son sólo algunos de los proyectos en cartera. A ello hay que sumar, además, los 12 nuevos estadios ecológicos que se levantarán, superando los 32.000 millones de dólares.

Con este potencial de negocio para empresas extranjeras no sorprende que la sombra de la sospecha sobre la elección de Qatar como sede del Mundial 2022 haya aparecido. La revista francesa France Football publicaba hace unos días lo que ha denominado el Qatargate, esto es, la supuesta compra de votos del Emirato para hacerse con la Copa del Mundo. Según señala la publicación gala, Michel Platini, presidente de la UEFA, habría votado a favor del país del Golfo a cambio de acuerdos con el Gobierno francés, extremo que ha negado el propio Platini. No hay que olvidar que, cómo el Emirato reconoce, entre sus principales socios comerciales se encuentra Francia, junto a Japón, Corea del Sur, EEUU y Singapur.

Más del 90% de la fuerza de trabajo, inmigrante

Más allá del evento deportivo y la posible corrupción en su entorno, el crecimiento explosivo de Qatar hace que el país demande una gran cantidad de mano de obra. Tanto es así, que se estima que el número actual de trabajadores inmigrantes supera el millón de personas, lo que se traduce en más del 90% de su fuerza de trabajo. Esto explica, en gran parte, el significativo aumento de su población en los últimos años, pues en 2007 apenas superaba los 900.000 habitantes frente a los actuales 1,7 millones de los que únicamente 300.000 son ciudadanos qataríes. La cifra podría dispararse aún más, pues ya se habla de la necesidad de 1 millón más de mano de obra extranjera para afrontar el boom de infraestructuras.

Pabellón en un campo de trabajo (Sam Tarling/HRW)

A pesar de que desde el Gobierno qatarí se sostiene que “el Estado está comprometido con el mantenimiento de los estándares internacionales en materia laboral para hacer de Qatar uno de los mejores lugares para trabajar y vivir”, la realidad es bien distinta. La legislación de Qatar no sólo no contempla un salario mínimo sino que considera ilegal la constitución de sindicatos o la convocatoria de huelgas.

Dicho de otro modo, los intereses de los trabajadores no encuentran protección alguna ante los abusos de las empresas, sobre los cuales el Gobierno qatarí mira hacia otro lado. De hecho, Qatar tiene a gala pertenecer a organismos como el Banco Mundial, el FMI, la Organización Mundial de Comercio o el Consejo de Cooperación del Golfo y, en cambio, jamás ha ratificado la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares de la ONU.

En este sentido, una de las voces más críticas con el país del Golfo es la Confederación Sindical Internacional (CSI), que en numerosas ocasiones ha denunciado la dramática situación ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Desde la CSI, su secretaria general, Sharan Burrow, alarma sobre el hecho de que sólo en 2012, el Departamento de Relaciones Laborales del Ministerio de Trabajo de Qatar recibió 6.000 quejas por parte de trabajadores, una cifra que sería muy superior si los trabajadores que no hablan ni inglés ni árabe pudieran acceder al proceso de presentación de quejas.

En este sentido, Ambet Yuson, secretario general de la Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera, asegura que “muchos trabajadores soportan la explotación por miedo a las represalias” y lamenta que “el Gobierno no se asegure de que sus 150 inspectores de trabajo cumplan con su cometido”.

Secuestro laboral

Uno de los principales problemas de la legislación laboral qatarí se encuentra en su sistema de kafala, esto es, que ningún trabajador extranjero puede conseguir visado si no está patrocinado por su empleador. Burrow afirma que “los empleadores tienen un control casi absoluto sobre los trabajadores con este sistema, puesto que son sólo ellos los que deciden sin un trabajador puede cambiar de empleo, abandonar el país o quedarse en Qatar”.

A pesar de que el Gobierno estableció el año pasado una comisión para examinar las reglas de este sistema de visados de patrocinio, no se ha producido ningún avance significativo. El empleado continúa sin poder cambiar de trabajo sin el consentimiento de la empresa e, incluso, según denuncia HRW, ni siquiera pueden abandonar el país pues es la empresa la que concede el visado de salida. Arabia Saudí, donde ansían operar grupos empresariales españoles como Spanish Gulf Project –acaba de abrir oficinas- es el otro país del Golfo en el que todavía se exige un visado de salida para poder abandonar el país.

PososAnarquía_Benjamín Cruz_Equal Times

Benjamín Cruz (Equal Times)

Benjamín Cruz es un técnico de aire acondicionado filipino que, sin embargo, ha tenido que desarrollar trabajos que nada tenían que ver con lo ofrecido inicialmente, desde carpintero, fontanero, mecánico y, en los últimos tiempos, cortador de mármol. A los cuatro meses de iniciar el trabajo, en julio de 2011, la empresa decidió rebajar su sueldo sin previo aviso de 440 dólares mensuales a 275. “Decidí llevarlo a los tribunales”, explica Cruz, y cuando se produjo la primera vista, en febrero de 2012, el empleador no se presentó. Un mes más tarde, “la empresa me retiró el pasaporte y me prohibió ir a ninguna parte, ni siquiera al hospital”. Cruz ha tardado 17 meses en recuperar su pasaporte.

Esta es una de las prácticas habituales de las empresas en Qatar, a pesar de que desde la OIT la confiscación de pasaporte se identifica como uno de los indicadores de trabajos forzados. A estas medidas hay que sumar las falsas promesas por parte de los contratistas y los patrocinadores sobre la naturaleza y el tipo de trabajo, el incumplimiento de las obligaciones de los empleadores en cuanto a salarios y condiciones laborales; la violación de los contratos firmados antes de que el trabajador abandone el país de origen y el endeudamiento de los trabajadores con contratistas o prestamistas que exigen unos honorarios abusivos.

Narayan Nepali, es un electricista de 25 años que trabajó durante casi tres años en Qatar: “A los nepalíes se nos trata como esclavos. El día que llegamos nos confiscaron el pasaporte. Estábamos obligados a trabajar más de 12 horas, bajo un sol abrasador, y había trabajadores que caían al suelo, desmayados”.

Nepali denuncia las nulas medidas de seguridad que existen en los trabajos y lo ilustra recordando cómo un amigo suyo cayó de un andamio con una carretilla de desechos y murió. Desde su punto de vista, “las autoridades qataríes deben darse cuenta de que los trabajadores inmigrantes han desempeñado una función muy importante en el desarrollo del país y, por lo tanto, deberían pagarles mejor, tratarles con más respeto”.

Otra práctica habitual en las empresas que operan en el Emirato y contratan mano de obra inmigrante es hacerles pagar las tarifas de contratación, a pesar de que legalmente son responsabilidad del empleador. Tarifas que se mueven entre los 726 y los 3.651 dólares, muy lejos del alcance de los inmigrantes que se ven obligados a solicitar préstamos con tasas de interés abusivas, lo que les ata aún más a su explotador. “Si no pago mi deuda”, dice Mahmud N., un trabajador de 27 años de Bangladesh que debe casi 3.300 dólares, “echarán a mi familia de casa”. Dinesh P., un nepalí de 20 años, se encuentra en las mismas circunstancias. Junto a otros 15 compañeros que quieren dejar el empleo afirma que “nos sentimos estafados, no es el empleo que esperábamos”.

PososAnarquía_Campo de Trabajo_Equal Times

Campo de trabajo en Qatar (Equal Times)

Sarah Leah Whitson, directora de HRW en el Oriente Medio, apunta que “tanto el Gobierno de Qatar como las compañías de la industria de construcción tienen que asegurarse de que son los empleadores, y no los trabajadores pobres, quienes pagan estas tasas de reclutamiento. Hasta que el Gobierno no refuerce seriamente sus leyes para asegurarse que son los empleadores quienes las pagan, e impone sanciones ejemplares a la compañías que miran a otro lado, el problema no desaparecerá”.

Mientras, Himal K., un nepalí de 18 años, admite que “no nos quejamos porque si lo hacemos por cualquier cosa, la compañía nos castiga”.

Campos de trabajo inhumanos

Asimismo, otro de los puntos más negros en el panorama laboral de Qatar se encuentra en la obligación que imponen las empresas a los trabajadores inmigrantes de vivir en campos de trabajo precarios y abarrotados, durmiendo hasta una docena de personas en la misma habitación, sin ventilación, en un país donde la temperatura puede llegar a superar los 50 grados centígrados con tasas de humedad del 60%.

Uno de los colectivos de inmigrantes más maltratados es el nepalí. Tal y como señala Equal Times, se estima que mueren al año alrededor de 200 trabajadores nepalíes en Qatar, algo a lo que desde el Emirato no se da ninguna publicidad.

Pralhad Acharya es asistente de fontanero y, tras su paso por Qatar, sostiene que “sólo el 10 por ciento de las empresas son correctas, el otro 90 por ciento no son honradas”. Acharya tenía “muchas esperanzas en la Copa del Mundo de 2022, en que las empresas serían correctas y que volvería a casa con dinero. Sin embargo, la empresa para la que trabajaba no era buena”. El fontanero relata cómo “me encontré con jóvenes que no habían comido durante tres días porque no les habían pagado”.

Migrant workers congregate near Bank Street in central Doha on Friday, the weekly day of rest. Some 1.19 million of the 1.26 million people employed in Qatar come from abroad.

Inmigrantes en Qatar (Sam Tarling/HRW)

Lo mismo le sucedió a Tika Bahadur Kamal, un jornalero con cinco hijos, que llegó a Qatar “pensando que podía ganarme la vida, pero la empresa me pagó dos meses de salario y luego dejó de pagarme durante once meses”. Intentó recuperar su dinero en los tribunales pero fue imposible: “después de haber pagado la costas judiciales –para lo que tuvo que pedir un préstamo-, me quedé sin el dinero. Sobreviví un mes comiendo solo papas cocidas”.

Sharan Burrow advierte de que, dado que “a lo largo de los próximos meses se van a anunciar las licitaciones para la construcción de los nuevos estadios e infraestructuras para la celebración de la Copa del Mundo, estamos advirtiendo a las multinacionales que vayan a participar en estas licitaciones de que cumplan el derecho internacional y respeten los derechos de los trabajadores”.

Las esperanzas de que esto ocurra, a la luz de lo vivido hasta ahora, son escasas. Basta mirar una de las innumerables historias de los inmigrantes que han perdido la vida en Qatar. Chirari Mahato tenía 51 años cuando, el año pasado murió en uno de los campos de trabajo qatarí. Trabaja para la empresa Al Hasan Transport que, curiosamente, ha participado en el proyecto estrella de OHL en Doha: la construcción del Centro Médico y de Investigación Sidra por el que recibió más de 900 millones de euros.

Kabiraj Chaudhary, compañero de Mahato en la empresa, relata cómo trabajaban de seis de la mañana a siete de la tarde. Mahato trabajaba en un garaje, limpiando y distribuyendo mercancías, “en una habitación sin ventilación, con mucho calor”. Tras la dura jornada laboral, dormían varios en la misma cama en una habitación si aire acondicionado, donde “costaba mucho respirar”. Una mañana, Mahato no despertó; había muerto.

“Cuando se llevaron el cuerpo nos prohibieron ir al hospital Ahmad donde descansaban sus restos”, recuerda Chaudhary. “Solicitamos a la compañía una compensación para la familia, pero nos dijo que no recibiría nada, puesto que había muerto mientras dormía”. Nicholas McGeehan, investigador en Qatar para HRW, ha vivido de primera mano el drama inmigrante de Qatar y su conclusión es demoledora: “Nadie tiene interés en la demanda de derechos para estos trabajadores, mezcla de la ignorancia de la gravedad y la magnitud del problema, de la indiferencia hacia estos trabajadores y de la apabullante riqueza de Qatar y sus intentos exitosos de presentarse como progresista”.

David Bollero

(Reportaje en El Puercoespín, Febrero 2013)

Publicado en:

«Posos de Anarquía»

http://www.pososdeanarquia.com/2013/02/qatar-la-esclavitud-del-petrodolar.html

Los Grandes Conquistadores [pens.]

P1050245 ¡Los Grandes Conquistadores!
Estas palabras pomposas se incluyen en los titulares de libros, revistas, fascículos y literatura pseudo histórica. Pero en el fondo no son más que una manipulación del lenguaje (ya sea consciente o inconsciente). Los «grandes» conquistadores son los grandes invasores, los grandes asesinos y genocidas de la historia, aquellos que han causado guerras y sufrimiento, muerte y miseria, para su mayor gloria… Son los grandes ególatras y los grandes egoístas, los inmaduros y amorales supinos, la escoria humana. Nadie debería recordar sus gestas sin impregnarse a la vez del sufrimiento y desesperación de sus víctimas olvidadas.

No hay nada de honorable en la palabra «conquistador», ni ninguna grandeza.
José Beuter

[pensamiento 7/15/4-3-15]
© 7-2015

Peligro: el poder ya no emana del pueblo (El contrato de Dorian Greycia)

Dibujo Nueva democracia      Grecia tiene una deuda soberana, como muchos otros estados, pero las condiciones para poder pagar la deuda no deberían ser para un país el equivalente a vender el alma al diablo. Cuando alguien (ente privado o público) solicita un crédito es, generalmente, para mejorar su situación, no para arruinar su futuro. En el caso de Grecia el contrato de devolución se parece más al pacto que Dorian Grey hizo con el diablo que a un contrato justo hecho entre personas de buena voluntad. De ahí el juego de palabras que constituye el subtítulo de este artículo.

Se han hecho muchos análisis económicos de la situación griega, y este artículo no será otra más. Sí, en cambio, pretendemos analizar el trasfondo moral del asunto.

Podemos preguntarnos si el préstamo a Grecia se ha hecho como negocio financiero o como ayuda. Si se ha hecho como ayuda ¿por qué esta negativa de la troika a reestructurar la deuda griega?, ¿por qué inmiscuirse en la política griega dictando normas sobre privatizaciones, pensiones, edad de jubilación, recorte de ayudas y subvenciones, IVA, ejército, administración pública, sistema judicial, marco laboral (despidos, huelgas, negociación colectiva), y un largo etcétera? ¿Se presta verdaderamente para ayudar, o se hace para intervenir y fijar un modelo social neo liberal «a medida» (un mercado al gusto), o para derrocar al gobierno de izquierdas? (*) Cuando alguien presta dinero para ayudar no pone condiciones humillantes y que empobrezcan al deudor, ni se inmiscuye en la vida privada de la persona a quien se presta. Cuando no es así es porque el préstamo es una usura que instrumentaliza al deudor.

Que las intenciones de la «troika» (compuesta por el Fondo Monetario Internacional, El Banco Central y la Comisión Europea) responden a los intereses del capitalismo neoliberal y no a la solidaridad o a una voluntad práctica y apolítica del retorno de la deuda, puede apreciarse tras un simple vistazo al documento (en inglés) donde se exponen las condiciones que la misma troika publicó tras el anuncio del referéndum. Éstas constituyen una exigencia inmoral, antidemocrática e inadmisible:

a) Exigencia inmoral, porque ningún estado, ni ninguna persona, podría querer racionalmente para sí que entes financieros ajenos, arrogándose el papel de gobernantes no electoss, le dictasen normas económicas y políticas. Estas condiciones no son meras sugerencias sino imposiciones que pretenden cambiar la legislación y torcer la voluntad política de un pueblo, expresada recientemente en las urnas [esto vulnera el imperativo categórico kantiano en su primera enunciación (1)]. La troika instrumentaliza al pueblo griego pues se aprovecha de su necesidad económica para imponer un modelo social que no responde a los intereses del pueblo (como reflejaron las urnas) y cuyo diseño debería estar limitado a sus legítimos representantes [lo que vulnera el imperativo categórico kantiano en su segunda enunciación (2)]. El interés de la troika en la imposición torticera de unas medidas y normas externas, que se sobreponen como guante de hierro a la soberanía griega, vulnera también el principio categórico kantiano en su tercera enunciación (3), que habla de la voluntad humana como de una legisladora universal a través de todas sus máximas (a la que ella misma está sometida), pues debido a la idea de legislación universal, la máxima no puede fundamentarse sobre interés alguno.

Exigencia inmoral, también, porque ni el FMI (Khan, Lagarde y Ghali), ni el Banco Central Europeo, ni la propia Comisión Europea y su presidente Jean-Claude Juncker son modelos éticos a seguir, sino todo lo contrario. Basta echar un vistazo a sus escándalos recientes (ver enlaces finales) para apreciar la corrupción que se da en los niveles más altos de su jerarquía. Escándalos que narran desvíos de fondos públicos, enriquecimiento ilícito, prostitución, corrupción, imputaciones legales, pactos secretos con empresas para evadir impuestos («tax ruling«) y condenas de cárcel, entre otros escándalos. De organismos sin credibilidad moral no pueden esperarse condiciones que se basen en el bien común (como las impuestas al pueblo griego), sino en el ánimo de lucro, especulación y en la pura usura

b) Exigencia antidemocrática, porque el pueblo griego es soberano y ninguna unión monetaria debería imponerle normas que socaven su autoridad y modelo de sociedad (escogida democráticamente en las urnas). Máxime si esas imposiciones provienen de instituciones económicas, cuyos dirigentes no han sido elegidos directa y democráticamente por el pueblo griego (como el FMI o el BCE).
Cabe hacer mención especial de la condición impuesta por la troika respecto a las privatizaciones y, en concreto, a que Grecia se comprometa a no a no revertir ninguna privatización que ya se haya iniciado o materializado. Pero ¿a quién beneficia la privatización de los puertos y aropuertos, o de la electricidad? Evidentemente al capital privado, que puede hacer negocio con estas cosas en detrimento del pueblo. La gestión privada o de empresa tiene como finalidad el lucro (véase el artículo de esta blog «Lucrarse con la educación y sanidad públicas«), a diferencia de la gestión pública, de la que cabe esperar, si se cumple adecuadamente, una orientación por el bien común. La Constitución Española y la de otros muchos países asigna a los poderes públicos la misión de gestionar los recursos de interés general, tal como la sanidad, educación, pensiones y otros. Cada país fija qué estamentos son gestionados por el estado y de qué forma. Por esto, cuando la troika pone condiciones y normas al gobierno griego respecto de la privatización (o no reversión de la privatización) de objetivos sociales y bienes generales, adopta un papel que va en contra de los pricipios democráticos más elementales, que separan el ámbito e intereses privados del bien común y público.

c) Exigencia inaceptable, porque unas normas impuestas que son inmorales y socavan el concepto de democracia constitucional no pueden ser aceptables desde un punto de vista social y racional. Intolerable, porque son los pueblos los que deberían gobernarse a sí mismos y no por dictado de las entidades económicas, como el FMI y el BCE.

Cargos que deberían ser neutros (a nivel de la política mundial), como el director del FMI o el BCE se transforman por arte de magia (de la magia del dinero) en legisladores supremos, que sin haber sido elegidos directa y democráticamente por los ciudadanos dictan (cual «dictadores») la política europea e internacional. Directores que, sin sentido de la jerarquía política ni talante democrático, no sólo coaccionan e instrumentalizan a los países más débiles, económicamente hablando, sino que protestan airadamente cuando, por ejemplo, el pueblo griego decide hacer algo tan básicamente democrático como es someter a referéndum las condiciones impuestas por la troika. Mención especial tiene el comentario del Sr. Juncker (presidente de la Comisión Europea, cuando dijo, tras el anuncio del referéndum que: – «[Tsipras] me ha decepcionado a nivel político y como ser humano». Esto es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio, ya que el Sr. Juncker ha protagonizado un escándalo inmoral como fue la política sobre impuestos que durante 15 años se dictó en Luxemburgo cuando él era Ministro de Finanzas y Primer Ministro «que habría privado de miles de millones de dólares (tres billones de dólares, según los cálculos) de impuestos a los estados europeos donde esas empresas obtienen sus beneficios» (LuxLeaks: El último escándalo en la Unión Europea, Luis Rivas – Periodista, Ex corresponsal de TVE en Moscú y Budapest).

Finalmente, nos creemos que cuando votamos lo hacemos democráticamente, que tenemos el poder que nos dan las urnas, pero no es así: nuestras democracias son, en muchas ocasiones, un espejismo, pues el poder económico es el que verdaderamente gobierna en, prácticamente, todo el mundo. Hace mucho tiempo que esto funciona así, de una manera más o menos encubierta o edulcorada (al menos para las poblaciones de los países ricos), por lo que muchas personas aún no son conscientes del menoscabo de sus derechos a cargo de los poderes económicos. Casos como el de Grecia permiten que aflore a la opinión pública el verdadero estado de cosas. El dinero no debería corroer a las naciones, arrodillar a los ciudadanos y comprar a sus dirigentes. Hoy la democracia se enfrenta a una nueva casta de dictadores que imponen sus normas supranacionalmente, y no por la fuerza del voto o de la finalidad social, sino por la pura fuerza del dinero y del interés egoísta y asocial. Si la democracia no acaba con esta anomalía este virus acabará con la democracia, primero, y después con la libertad de los ciudadanos, cuando un nuevo orden mundial, basado en una minúscula oligarquía (**) económica, se adueñe del mundo y convierta a todas las personas en nuevos y sumisos esclavos.

José Beuter

[artículo]
©7-2015

 

– (*) Según Martin Wolf (Director asociado y jefe de opinión de economía en el Financial Times) el dinero no se utilizó para ayudar a Grecia sino para ayudar al sector privado europeo a abandonar Grecia.

– (**) El patrimonio de 85 personas es equivalente al de 3.750 millones de personas, la mitad de la población mundial). Ver pág. 37 del enlace: VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/16102014163616_1448.pdf

El imperativo categórico (imperativo moral kantiano) es único, pero Kant lo enuncia de tres formas:

(1) «Obra sólo según la máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en una ley universal«. Immanuel Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, <Ak. IV, 421>, [A 52]. Ed .Alianza Editorial, edición de Roberto R. Aramayo. Este imperativo moral va mucho más allá de la regla de oro (no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí) pues ésta no contiene el fundamento de los deberes hacia uno mismo, ni el de los deberes caritativos para con los demás.

(2) «Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio». Immanuel Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, <Ak. IV, 429>, [A 67]. Ed. Alianza Editorial, edición de Roberto R. Aramayo. Este imperativo podría resumirse así: – No instrumentalices a nadie.

(3) «[…] todo ser racional ha de obrar como si merced a sus máximas fuera siempre un miembro legislador en el reino universal de los fines». Immanuel Kant, Fundamentación para una metafísica de las costumbres, <Ak. IV, 438>, [A 84]. Ed. Alianza Editorial, edición de Roberto R. Aramayo. A causa de la idea de legislación universal este imperativo no se fundamenta sobre interés alguno, es incondicionado.

Enlaces relacionados con este artículo:

Los tres últimos grandes escándalos del FMI

Detenido en EEUU el director del FMI por agresión sexual a una camarera

Strauss-Kahn, ahora implicado en una red de prostitución

El ‘affaire’ de lagarde: escándalo por abuso de poder

LuxLeaks: El último escándalo en la Unión Europea (Luis Rivas)

Bloomberg pide la cabeza de Juncker por el escándalo de los ‘papeles de Luxemburgo’

El gran escándalo de la banca privada (Vicenç Navarro)

El escándalo y latrocinio de la deuda griega (Vicenç Navarro)

El terrorismo financiero contra Grecia (Vicenç Navarro)

Eurodiputada de IU tacha de «escándalo y despilfarro» la nueva sede del BCE

Escándalo fiscal en Europa: ¿hubo dejación de funciones por parte de la Comisión Europea?

La factura del agua subleva a Irlanda contra la troika

Dos premios Nobel de economía defienden el no de Grecia a las medidas propuestas por la UE

 

 

 

Civilización superficial – [pens.]

P1050245      La capa de cultura y civilización es aún muy delgada en el ser humano: acabamos de salir de las cavernas. Hemos aprendido a matar con más eficiencia, pero no hemos aprendido lo más importante: dejar de matar. Como decía T. Adorno, de la honda a la bomba atómica el progreso humano parece una carcajada satánica.
José Beuter

[pensamiento 7/15/8-7-2015]
© 7-2015

El deber de ser libre – [pens.]

P1050245Ser libre no sólo es un privilegio, es un deber, una tarea. Sólo en libertad con respecto a lo que los demás nos imponen o esperan de nosotros y, también, respecto de nuestra rígida o temerosa proyección de lo que deberíamos hacer (o temeríamos dejar de hacer), es posible tanto la verdadera autonomía creativa como la plenitud de una vida de amor.
José Beuter

[pensamiento 7/15/x-x-2007]
© 7-2015

Un mundo mejor es posible ahora – [pens.]

P1050245La gravedad impide que nos elevemos del suelo, pero nada impide en sentido estricto crear un mundo de justicia. Imaginemos por un momento la emoción y felicidad que experimentaríamos en ese estado: mucho mayor que la de cualquier producto de ocio o consumo.

Detengamos el tiempo y sintamos la magia de ese momento eterno. Viajamos hacia la concordia, la paz y la felicidad. No sólo son nuestra meta, también son el camino.

José Beuter

[pensamiento 6/15/25-6-15]
© 6-2015

Nuestro pequeño poder – [pens.]

P1050245Para mejorar el mundo podemos, cada uno de nosotros, cuidar el trato que dispensamos a los demás cuando nos movemos en nuestra esfera de poder particular.

Nos quejamos, en ocasiones, del poder despótico de otras personas, pero tal vez nosotros hacemos lo mismo con nuestros subordinados, familiares, clientes, amigos. Casi todas las personas ejercen o han ejercido poder en algún momento de sus vidas. No importa si ese poder es pequeño y alcanza sólo a una persona, igualmente debe ser ejercido con amor y justicia. Para cambiar las relaciones de poder en el mundo, empecemos por nosotros mismos.

José Beuter

Pens. 6/15/x-x-11)
© 6-2015

La complicidad del miedo [pens.]

P1050245El miedo puede transformar a una persona buena en cómplice del verdugo.

El miedo no sólo paraliza sino que enajena. Lo que en la prehistoria pudo servir para salvar nuestra vida física y preservar nuestra especie hoy puede pudrir nuestra vida espiritual y condenar a la extinción a la raza humana.

A lo único que deberíamos temer es al propio miedo, a este miedo que nos hace insolidarios, inhumanos y cómplices del mal.
José Beuter

[Pensamiento 6/15/14-1-12]
© 6-2015

La violación, mutilación y pederastia legales [pens.]

Báscula hombre - mujer   En algunos países la violación marital no es delito pues la ley no la contempla. Tampoco lo es el matrimonio con niñas de corta edad (a veces de sólo cuatro años), así como la mutilación genital de niñas y mujeres. Hay personas y también culturas que conciben el papel del matrimonio como una licencia para la agresión y la violación  Pero la clasificación de un acto como violación no depende de que éste se dé dentro o fuera del matrimonio, al igual que el trato degradante, palizas, intimidación y acoso.  Aquella legislación que no contemple estos hechos como un delito es inmoral, o mejor dicho, su moralidad, en el sentido de «costumbre», se asemeja más a la amoralidad animal que a la superior capacidad de otorgarse normas de comportamiento, propia del ser humano.

Nosotros vemos execrable ese comportamiento, pues en nuestra comunidad las normas tienen una base moral, son sometidas a una reflexión ética (en mayor o menor grado) de la que emanan luego las leyes -por meditación ética se entiende el pensamiento científico-filosófico, que propicia un conocimiento valorativo y justificativo del comportamiento humano-. Pero en esos países no se da (o apenas existe) tal reflexión. Al carecer en gran medida de una base moral, la legalidad de tales sociedades no es más que el reflejo de ese hueco, de esa falta. Las leyes son, básicamente, el reflejo moral de una sociedad.

Podemos sopesar la conveniencia de diferentes normas, pero del principio ético fundamental (el respeto a toda vida humana) nadie puede desentenderse sin ser deshonesto, pues brota de nuestra condición humana. Somos ante todo personas y ese hecho se da antes que cualquier otra cosa: antes que nuestras creencias, nuestras religiones o nuestras costumbres. No pueden esgrimirse ni la cultura ni la tradición, ni la ideología, ni siquiera la ley, para faltar al principio ético fundamental del respeto a los demás. Uno no puede desentenderse de la razón ni de su propia naturaleza, para atentar contra esa misma naturaleza, y el hecho de que tal situación suceda no significa que pueda legitimarse racionalmente. Cierto es que la ética no puede imponer normas particulares de comportamiento que sólo pueden ser vinculantes para los que, voluntariamente, desean someterse a ellas, pero las obligaciones respecto a las mujeres y niñas de las que hablamos no son reglas de conducta particulares, sino leyes universales. Nadie honesto puede ignorar el respeto por la vida de uno mismo y la de los demás, profese la religión que profese.

La violación marital y el matrimonio con menores, como también la violencia, mutilación y dominación ejercidas sobre las mujeras, constituyen actos contra el principio ético fundamental: el respeto por los demás, por la vida y la naturaleza que encarnan. Los países que así lo entienden tienen todo el derecho de desarrollar una legalidad internacional que mediante la presión y los medios adecuados termine con la conculcación de los Derechos Humanos.

El matrimonio no es un medio por el cual se posee legalmente una esclava a la que se pueda violar y pegar, es un contrato entre personas iguales, titulares ambas de derechos. Tampoco pueden escudarse en la legalidad la mutilación genital femenina y el matrimonio forzado con menores (*) -es evidente que en este caso siempre se hace de forma forzada, pues la niña, no es consultada y aunque lo fuera no tiene ni madurez ni libertad para elegir -. La comisión de estos actos debería estar castigada por las leyes de todo país –cosa que actualmente no sucede-. Por esta razón debe intervenir la comunidad de naciones, pero esto tampoco se ha dado de manera eficiente:

La dignidad y derechos de la mujer no están protegidos adecuadamente por la ONU ni por las instancias de reclamo internacionales. Actualmente millones de mujeres y niñas de muchos países son violadas dentro y fuera del matrimonio; son objeto de agresiones y de mutilaciones genitales; son sometidas a la esclavitud por parte de los hombres y se menoscaban todos sus derechos, incluido el de la educación y sanidad (**).

Agredir de cualquier forma a la mujer, recortar o tutelar su autonomía, impedir o limitar su acceso a la educación y sanidad: si todo ello se realiza en un país por mor de su legislación soberana, ya sea por leyes explícitas o por la ausencia de éstas (que protejan de tales abusos), es un delito contra la humanidad. Toda legislación que atente en su fuero contra los Derechos Humanos excede el terreno meramente nacional, y sus posibles acciones podrán considerarse, a tenor de su gravedad y extensión, crímenes de lesa humanidad. Ejemplo de ello, son las legislaciones que permiten la boda a niñas de diez años (Sudán), o disciplinar físicamente a las mujeres (Emiratos Árabes); o las que no fijan una edad mínima para el matrimonio (Yemen), o no reconocen la violación marital como delito, como es el caso de Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Argelia, Kuwait, y el mismo Yemen (**); o las que permiten (o no atajan) la mutilación genital femenina, como Yibuti, Egipto (sólo en Egipto afecta a 27,2 millones de mujeres y niñas (***), Guinea y Somalia, países donde la han padecido nueve de cada diez mujeres entre 15 y 49 años, según fuentes de Unicef.

Se me hace difícil comprender el porqué tales países permiten el mal de sus propias ciudadanas. Y, como he dicho, estas acciones no pueden justificarse en la tradición, ideología, religión o cultura, porque la condición de mujer y de «ser humano» es anterior a todas ellas. Esta barbarie puede ser, en parte, una consecuencia del expolio colonial y la marginación que han padecido (y aún padecen) por los países ricos, y que han lastrado su desarrollo económico, técnico, social y ético, sumiéndolos en la pobreza e ignorancia. Y con ello no justifico nada, sólo indago causas. Sea cual sea la razón, no puede permitirse este estado de cosas. Debemos devolver la dignidad y los derechos a la mujer allá donde no son tenidos en cuenta, pero, también, debemos dejar de aprovecharnos económicamente de esos países y diseñar políticas internacionales de solidaridad, prosperidad y crecimiento mutuos. No sólo porque es lo justo sino porque los derechos humanos no son tenidos en cuenta en paises donde reina la pobreza, la corrupción y la incultura. Por tanto, no sólo desde la presión internacional sino desde la justicia  y solidaridad económicas debe lucharse por los derechos de la mujer.

Todo lo que se hace a favor o en contra de una sola mujer en el mundo, se hace a favor o en contra de cualquier mujer, y por tanto, de la humanidad. Todo lo que se hace a favor o en contra  de un país, redunda también en la comunidad de naciones.

¡Vamos a cambiar este orden de cosas!

José Beuter

[pensamiento 6/15/21-6-15]
© 6/2015

– (*) “Casar a una niña cuando solo tiene 4, 5 ó 6 años, o incluso con 14 ó 15, es básicamente terminar con su vida”, afirma desde Nueva York Anju Malhotra, asesora principal de UNICEF sobre género y derechos. Ver artículo «Casadas demasiado pronto» -clic en este enlace-.

– (**): Respecto del monoscabo de los derechos  de las mujeres, así como sobre los datos aportados, véase el informe (en Inglés) de la Fundación Thomson Reuters Women’s rights in the Arab world  (Los derechos de la mujer en el Mundo Árabe) -clic en este enlace-.

– (***) Ver también el artículo de Unicef: Lucha contra la mutilación genital femenina -clic en este enlace-.

OTROS ENLACES DE INTERÉS:

La protección de la infancia contra la violencia, la explotación y el abuso:

  • UNICEF calcula que 70 millones de niñas y mujeres de entre 15 y 49 años de edad de 27 países de África, además de Yemen, han sufrido la mutilación o ablación genital femenina.
  • Desde 2007 más de 60 millones de mujeres de todo el mundo con edad comprendida entre 20 y 24 años contrajeron matrimonio antes de que alcanzar la edad de 18 años.

http://www.unicef.org/spanish/media/media_45451.html

Respecto de la mutilación genital femenina:

  • Fátima Djarra Sani: «Cada vez se practican más ablaciones a bebés»

http://www.lavanguardia.com/salud/20150623/54432979111/entrevista-fatima-djarra-ablacion-africa-espana.html

  • Entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas viven con las consecuencias de la mutilación genital femenina.
    Comprender y abordar la violencia contra las mujeres
    Mutilación genital femenina (Organización Mundial de la Salud, 2013).

http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/98838/1/WHO_RHR_12.41_spa.pdf?ua=1

  • Mutilación genital femenina (MFG), OMS

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs241/es/

  • La mutilación genital en la mujer del siglo XXI

http://www.elsevier.es/es-revista-progresos-obstetricia-ginecologia-151-articulo-la-mutilacion-genital-mujer-siglo-xxi-13048277

  • La mutilación de los órganos genitales de niñas y jóvenes constituye un trato inhumano y degradante. Artículo de la 3 Convención europea de derechos humanos.

http://www.echr.coe.int/Documents/Convention_SPA.pdf


 

Cambiar nuestro presente – [pens.]

P1050245      Podemos modificar nuestro presente y, con ello, el futuro. El presente puede cambiarse en gran medida a condición de que haya un deseo claro (y no vago) y que este deseo sea activo y positivo; es decir, que utilice los medios a su alcance de forma perseverante para alcanzar el fin, y que sepa encarar los reveses de forma positiva o creativa. El deseo se transforma así en voluntad.

Uno podría pensar que poco podemos hacer para cambiar el presente, pues sólo controlamos, y hasta cierto punto, una parte de los acontecimientos. Nos ocurren cosas sobre las que no tenemos control y que no podemos evitar ni redirigir. Bien, aún siendo así, sigue siendo válida la primera afirmación de este escrito, pues el presente siempre es, y ante todo, un presente vivido, un presente que se da en mí, me afecta a mí ,y que yo valoro y califico. Tal vez no pueda cambiar las circunstancias externas pero sí las internas, es decir, puedo cambiar todo lo que sucede dentro de mí cuando esas circunstancias me golpean, y eso me permite enfrentar el futuro a mi manera, aunque sea sólo el futuro de unos meses, días, horas o instantes.

Tenemos un control mayor del que creemos sobre nuestro presente y futuro porque, incluso en los hechos que nos superan y no dependen de nosotros, conservamos la capacidad de escoger cómo nos afectarán y cuál será nuestra respuesta. Modificar el presente no significa necesariamente poder dilatarlo en el tiempo, sino vivirlo como agentes y no como pacientes; tomar las riendas de nuestra vida, por poco que le quede; determinar qué sentido tendrán y cuál no, los hechos que enfrentamos.

José Beuter

[pensamiento 6/15/18-6-15]
© 6-2015

Sólo hay una violencia – [sent.]

Experimentación animalNo existen diferentes violencias: sólo hay una. ¿Cómo pretendemos desterrarla de este mundo si ejercemos una ilimitada violencia hacia los animales, a los que arrancamos su vida a mordiscos, y sobre los que clavamos los bisturíes de nuestra ignorancia?

José Beuter

– a mi querido Thor –

[sentencia 6/15/x-x-08]
© 6-2015

Libro recomendado:

Justicia para los animales: la ética más alla de la humanidad (clic en enlace)

Pablo de Lora


 

Las ruinas de nuestra construcción social – [pens.]

G.uillermo Beuter 20-5-07       Las personas formamos parte de un tejido social superior. A nivel individual el ser humano puede haber conseguido grandes logros sociales y personales, su categoría moral puede brillar con luz resplandeciente, pero, al igual que un grano no hace granero, el individuo no hace sociedad. Por excelente que sean algunos de sus miembros o grupos, la sociedad actual es un tejido enfermo y así se verá, seguramente, desde posiciones exteriores. Puede haber muchas células sanas en este tejido pero mientras la gangrena lo infecte éste está destinado a morir.

Aquí surge un “pero” ¿Podemos ver desde una posición exterior el tejido en el que nos insertamos? La respuesta es un no con matices. De la misma manera en que yo no puedo salir fuera de mí y observarme con mis propios ojos, no podemos salir de la dimensión o estructura social en la que vivimos para contemplarnos desde el exterior, pues las lentes o sensores con las que, en tal supuesto, nos observaríamos, pertenecen a este nivel social y no al superior. Sin embargo, podemos intentar imaginar cómo seríamos vistos desde la posición hipotética de un espectador imparcial. Este intento subjetivo de objetivación es necesario y debería darse en el desarrollo de cualquier sociedad, al igual que sucede en el individuo. El niño pequeño en su etapa egocéntrica, no es capaz de imaginar cómo es visto desde fuera, él es su propio centro y los demás giran a su alrededor. Sin embargo a medida que crece, deberá abandonar el egocentrismo si desea ser aceptado en la comunidad. La imagen que proyecta en esa sociedad tampoco pueda verla directamente, pero sí imaginarla y contrastarla. De igual forma, la sociedad inicia su andadura en una fase sociocéntrica. Pero a medida que avanza debe examinar su estatus, la visión que ella misma tiene de sí y, lo que es más importante, la imagen que supuestamente proyecta sobre una hipotética civilización constituida en espectador imparcial.

La construcción social en la que nosotros, como ladrillos vivos, nos insertamos, es una casa en ruinas, o un viejo barco en el desguace. Puede haber ladrillos magníficos en sus paredes, puede incluso haber partes de la fachada que no estén dañadas, pero todo el mundo verá que la casa está en ruinas, y la belleza de algunos ladrillos no la salvarán del desguace ni de las máquinas demoledoras. Hay que sanear la estructura y volver a cimentarla. La base de una sociedad, o sus cimientos, es la moral del respeto universal: sólo desde ella podemos edificar leyes e instancias de reclamo de las mismas. Pero si moralmente no hay ya un consenso más o menos general sobre cómo debemos comportarnos, las leyes no servirán de nada porque estaremos en un conflicto constante. Si los cimientos morales ceden, toda la edificación caerá.   Es necesario construir después con ladrillos nuevos, de forma que todos o casi todos están bien manufacturados y bien insertados. Digo todos o casi todos, porque un edificio, como una sociedad, puede contener pequeñas imperfecciones que no afecten a su belleza e idoneidad como construcción, si bien, a este respecto son ciertas dos cosas: la primera es que las imperfecciones no pueden superar un nivel dado, so pena de que el edificio pueda ser considerado defectuoso; la segunda, es que en la proporción inversa a sus defectos será la calidad de la edificación.

El hambre, la pobreza, las guerra la esclavitud antigua y la moderna, la explotación sexual y la laboral, la instrumentalización y manipulación del hombre por el hombre, la falsedad y parcialidad de nuestros propios relatos históricos, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, la prevalencia del valor económico por encima del valor de la persona, son, entre muchas otras señales, signos de nuestra ruindad y enfermedad. No creamos que por que ha habido millones de ladrillos magníficos y bellos, cumbres de la humanidad, podemos decir, sin embargo que nuestra sociedad funciona adecuadamente. La música de Bach es un milagro y su audición es capaz de elevar el espíritu humano y conmover el corazón, pero mientras su música resuene en los auditorios de los campos de batalla, la obra de este genio no pasará de ser un hermoso ladrillo. Mientras todos o casi todos los ladrillos no sean adecuados, y esto se dé a la vez, en un momento dado, nuestra casa social seguirá estando en ruinas ante los ojos de cualquier observador imparcial. La única salvedad y esperanza respecto de lo antedicho es que los humanos podemos influir en la sociedad de la que formamos parte y modificarla hasta cierto punto. Como glóbulos blancos del tejido social, tenemos la capacidad de combatir la infección siempre y cuando ésta no sea tan general que exceda nuestra capacidad de curación y regeneración. Cada ser humano tiene una responsabilidad extraordinaria porque el ejemplo de su vida y también su legado pueden contribuir, incluso después de su muerte, a mejorar la sociedad. La obra de cada ser humano, si es moral y benéfica, es como un trozo de un mapa más general que señala el camino de la fraternidad universal; es como un ingrediente de las fórmula magistrales de los fármacos del espíritu.

La sociedad es como el mar: las gotas vivas de agua marina podrán no estar de acuerdo, pero la tormenta las arrastra consigo en olas que generan destrozos y sufrimiento. Debemos darnos cuenta de que funcionamos conjuntamente como mar, más allá de nuestra condición de gotas. Es todo el mar el que debe aplacarse para que podamos navegar en paz y observar la extraordinaria belleza de su azul intenso que lo une al cielo.

José Beuter

[pensamiento 6/15/14-6-15]
© 6-2015

Fotografía: Belchite © Guillermo Beuter 20/5/2007


 

España, líder de Europa en desempleo juvenil, 49,6 % [1ª-R]

Imagen Paro juvenil      Según datos publicados a principios de junio por Eurostat, la oficina estadística europea, España es el líder europeo en desempleo juvenil, con 775.000 españoles menores de 25 años sin trabajo. Esta tasa es del 49,6 % y corresponde al mes de abril de 2015. Este liderato se ha mantenido en lo que va de año con las siguientes tasas: 50,6 % en enero; 50,2 % en febrero; 50,0 % en marzo. Sólo los jóvenes griegos tuvieron una tasa parecida en febrero de 2105 (50,1 %). Los datos más bajos se dieron en Alemania (7,2%), Austria y Dinamarca (ambas con un 10,1%). Eurostat ha desarrollado una aplicación interactiva que permite a los jóvenes comparar su situación con la de otros jóvenes europeos de su misma edad, respecto de varios temas, como el trabajo, estudios, familia tiempo libre y uso de internet.

A estos datos podemos añadir los que publicó recientemente el INE (ver artículo en este blog: “La indiferencia ante diez millones de pobres”) y que situaban al 22,2 % de la población y al 30,1 % de la población infantil española bajo el umbral de la pobreza (respectivamente 10.315.008 personas y 2.237.706 niños pobres).

Estos datos escalofriantes (compárese España con Alemania) debieran hacernos reflexionar y actuar. Sin recursos, los jóvenes no pueden iniciar su propio proyecto autónomo de vida, en la etapa fundamental para ello, debiendo permanecer económico-dependientes en casa de sus progenitores, hasta edades avanzadas, o practicar la patada en la puerta y vivir como okupas. Pocas más opciones quedan si no se van del país.

Esta es una juventud huérfana, perdida y quemada. Huérfana porque ha sido abandonada a su suerte por la sociedad que debía tutelar y proteger sus derechos fundamentales, en lo relativo al trabajo, la vivienda y al derecho a una vida digna. Perdida y quemada porque los años perdidos son irrecuperables y les han conducido a una carretera gris y muerta que no conduce a ninguna parte.

Respecto de este “abandono” nuestra acción social y política ha sido no sólo un fracaso, sino, también, irresponsable. Una y otra vez, año tras año, hemos ido constatando la ineptitud y corrupción de la clase política y de los poderes económicos (antaño llamados públicos) y les hemos vuelto a votar. Año tras año, nos hemos hecho cómplices de ellos desde el silencio, la delegación de poder, las excusas de “no podemos hacer nada”, el miedo, la pasividad o las reivindicaciones insuficientes. Le hemos echado la culpa a la crisis, a la burbuja inmobiliaria, a la corrupción política o al malo de turno, pero la verdad es que, como colectividad, tenemos una responsabilidad directa en este estado de cosas. Porque es evidente que si nuestra sociedad en masa se hubiese plantado diciendo: ¡hasta aquí basta!, esto no estaría pasando, al menos, no en el grado actual. Cada sociedad tiene a la clase dirigente que se merece. El poder emana del pueblo, por lo que es su responsabilidad exigir a sus gobernantes eficiencia, honestidad y voluntad política en la tutela y respeto de los derechos fundamentales y la dignidad de las personas. Una vida digna es aquella donde pueden ejercerse los derechos fundamentales. Pero, según las estadísticas, uno de cada dos jóvenes españoles, es decir, de nuestros hijos, no tiene una vida digna, lo cual vulnera la constitución, sin que a los políticos parezca importarles un ápice.

Constitución Española, artículo 10:

1La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social«.

Culpar a otros sin asumir nuestra responsabilidad social, no cambiará las cosas. Ha habido protestas, sí, y movilizaciones, sí, pero se han demostrado insuficientes. No basta con decir “NO” a la injusticia y a la corrupción, hay que decirlo una y otra vez hasta que nos duela la boca; hay que dejar de aupar al poder a ineptos y corruptos, pero también a aquellos que, ignorando cuáles son los deberes de un gobernante y los derechos del pueblo, sirven antes a los poderes e intereses económicos privados que al ciudadano. Y si alguien cree que servir a los poderes económicos, es decir, al capitalismo liberal, beneficia también al ciudadano, se equivoca: pues sólo beneficia los intereses de unos pocos, al resto los instrumentaliza, cuando no, los esclaviza.

Actualmente el capitalismo está generando, tanto en nuestro país como en casi todo el mundo, una fractura social: cada vez hay más pobres, al mismo tiempo que cada vez los ricos son más ricos (*), es decir, cada vez la riqueza está en manos de menos personas. Antes, sucedía lo mismo pero no era tan evidente desde cualquier ángulo, porque la fractura se daba entre países ricos y países pobres. Mientras los países avanzados disfrutaban de una insolidaria sociedad del bienestar, una gran mayoría de países, pertenecientes al «tercer mundo», se moría de hambre por el expolio y condiciones económicas a los que eran (y son, aún) sometidos por nuestros países «civilizados».  Ahora ya hay un «tercer mundo» dentro de muchos países del primer mundo. Pero el capitalismo no es un ente ajeno a nosotros, no es un alien contra la humanidad; somos tú, yo, ese y aquel; ya sea en calidad de autores, colaboradores o pacientes; ya sea como sujetos activos o pasivos. Por tanto, al ser un producto humano, en el que de una forma u otra participamos y colaboramos, podemos desactivarlo  y crear unas estructuras sociales más justas y solidarias. Ningún gobernante ni ningún sistema económico o social pueden dilatarse en el tiempo o pervivir en una sociedad si ésta, de alguna forma, no lo admite, tolera o alimenta..

Paralelamente hemos de observar si en nuestro nivel personal también mantenemos injusticias, corrupciones y abusos de poder. El problema social no es únicamente el mal funcionamiento de una generación política concreta. Si fuese así bastaría con un cambio general de dirigentes para mejorar las cosas, pero cambios ha habido muchos y las cosas siguen igual. El problema es nuestra poca evolución moral colectiva y una deficiente organización social. Respecto de lo primero, los cambios políticos se nutren de personas corrientes, como cualquiera de nosotros, con defectos y virtudes. Si a nivel particular no nos esforzamos por seguir un comportamiento moral de valores; si, por ejemplo, abusamos de nuestro poder en el ámbito familiar o laboral; si buscamos nuestro beneficio particular en vez del colectivo; lo más normal es que esto siga pasando cuando ocupemos cargos de responsabilidad política o social. ¿Por qué habría de cambiar? El problema añadido es que el mal y la corrupción que generemos desde los mecanismos de poder afectarán a muchas más personas que no desde el ámbito privado. Respecto de nuestra deficiente organización social, hemos consagrado como valores supremos la individualidad y la libertad negativa, anteponiéndolas al bienestar social y a la libertad positiva. Libertad negativa sería aquella por la que un sujeto estaría libre de coerción (de personas y de leyes). El liberalismo reivindica la libertad en sentido negativo, pues desea que el estado se inmiscuya lo menos posible en la organización social y considera como un robo los impuestos que supongan una cierta redistribución de la riqueza. La libertad positiva de una persona se da, en cambio, si ésta tiene capacidad y oportunidad de actuar. Los  trabajadores en los países con alto paro laboral, tienen libertad negativa (nadie les impide trabajar) pero carecen de la libertad positiva, pues no hay trabajo. En esta perspectiva, el estado no sólo debe respetar la libertad del ciudadano, sino ayudarlo mediante la provisión económica y la creación de oportunidades (tal y como estipula la Constitución Española). Podemos apreciar por los datos aportados por Eurostat que el estado no crea las oportunidades para que los jóvenes puedan hallar empleo y ayudarse a sí mismos.

Por si fuera poco el miserable abandono social de nuestra juventud, algunos sectores insensibles de nuestra sociedad descalifican a los jóvenes sin recursos que se han lanzado a la calle a vivir como pueden. Les llaman despectivamente anti sistema y “rastas”. Y la política municipal y policial, a instancias del poder económico, les acosa. Es un despropósito establecer en la Constitución el derecho a la vivienda y al trabajo, para luego privar, entre otros segmentos sociales, a la juventud de ese derecho, a la par que se mantienen vacíos 4.000.000 de pisos en españa. ¿Qué tiene de malo que nuestra juventud ocupe esos pisos vacíos, mediante algun tipo de legislación y contraprestación social? ¿Es que preferimos que se vayan o que, desesperados, se lancen desde una azotea? ¿Qué pensaríamos de un padre que siendo dueño de varias propiedades vacías permitese que su hijo emancipado y en el paro (o deshauciado y sin recursos) durmiese en la calle? ¿No sería esperable que esa persona le dijese a su vástago?: – Hijo mío, mientras no tengas casa ocupa una de las mías. Pues de la misma manera sería deseable que nosotros, como «unos buenos padres de família» o al menos como una «sociedad razonable«, cediésemos nuestras viviendas vacías para que nuestra juventud no tuviese que dormir en la calle u ocupar casas.

Una sociedad que no cuida a sus hijos  (y además abandona a sus ancianos) es una sociedad enferma y perversa. Es evidente que los verdaderos anti sistema no son estos jóvenes, sino todos los que han gangrenado el tejido social sano. Es el corrupto poder político y económico el que resulta antisocial, pues en un primer nivel ignora el altruismo, la solidaridad y el respeto del que se nutre la base moral social. De este primer nivel moral básico emerge, en las sociedades, un segundo nivel legal, con la creación de leyes e instancias que permitan reclamar el incumplimiento de tales leyes. En este segundo nivel nuestros gobernantes también actúan contra la sociedad porque incumplen los marcos legales que ellos mismos, como representantes públicos, han creado y establecido. Concretamente la Constitución española desde su mismo preámbulo dice:

  • “La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: […] Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, […] Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida (Preámbulo)
  • – Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, […] (Art. 35.1)
  • Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo» (art. 40.1).

Si el sistema establecido, vulnerando la Constitución, es el que ha llevado a la pobreza a millones de personas y niños, en España, así como al paro a uno de cada dos jóvenes, entones es mejor salirse de este sistema y crear una nueva organización social más justa.

“Cuando vivir es un lujo okupar es un derecho” (pintada vista en Barcelona).

José Beuter

© 6-2015

– Para ampliar información: clic sobre los enlaces del artículo –

– (*) El patrimonio de 85 personas es equivalente al de 3.750 millones de personas, la mitad de la población mundial). Ver pág. 37 del enlace VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014 – http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/16102014163616_1448.pdf


 

La propiedad privada – [pens.]

P1050245La propiedad privada es un derecho, pero no absoluto. Hay riquezas particulares que por su tamaño, características y crecimiento, acaban fagocitando no sólo otras muchas propiedades sino la posibilidad de que los demás puedan ejercer, a su vez, el derecho a la propiedad. Así, paradójicamente, el derecho a una gran riqueza acaba generando una gran pobreza. Hay que limitar la propiedad privada allí donde atente a los derechos fundamentales de las personas.
José Beuter

[pensamiento 6/15/14-6-15 ]

© 6-2015

(*) «El patrimonio de 85 personas es equivalente al de 3.750 millones, la mitad de la población mundial)». Ver página 37 del enlace VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014 http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/16102014163616_1448.pdf


 

El derecho legal a matar – [1ª-R] [pens.]

Balanza - justicia      La pena de muerte es la introducción del derecho legal a matar. Una sociedad que contempla y aplica la pena de muerte no posee la capacidad moral de condenar el asesinato, y por tanto nunca podrá erradicarlo. Desprovista de una base moral de respeto universal, la “legalidad” de esa sociedad flota en el aire, es sólo aparente –en realidad, encubre un sistema político basado en el poder, la venganza y el miedo-. Las sociedades que impulsan y mantienen la pena de muerte son primitivas, a pesar de todos sus posibles avances científicos, y su moralina, basada en el “ojo por ojo”, nunca podrá ser una moral universal. Como todo lo primitivo y caduco de este mundo está llamada a desaparecer, el día en que el ser humano dote al término “humano” de un verdadero contenido.

El primer paso para erradicar el crimen en el mundo consiste en que los estados soberanos dejen de aplicar la pena de muerte.

José Beuter


Este escrito fue publicado el 25-11-2011 en el blog de Amnistía internacional (50 años, 50 historias), a raíz de la ejecución de Troy Davis en el estado de Georgia, como comentario a la noticia –.


 

¿La libertad de ser pobre? – [sent.]

P1050244Todos los derechos fundamentales deberían garantizarse y respetarse, no sólo la libertad. La libertad de dormir bajo los puentes y rebuscar en las basuras no es realmente ninguna libertad ni ningún derecho. La libertad de enriquecerse a costa de la miseria de los demás, tampoco.

José Beuter

[sentencia 6/15/8-6-15.2]
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Haz clic para enlazar con el artículo «Sobre el contrato social«, donde aparece la expresión: la libertad de dormir bajo los puentes».

El bien es el camino común de la voluntad – [pens.]

P1050245El bien es el camino común que traza el ser finito cuando desea acercarse al Infinito. Común señala, aquí, un camino intersubjetivo, trazado no sólo desde la individualidad sino, a la vez, desde el terreno común de la comunicación intelectual y afectiva entre seres. El bien es el camino común de la voluntad. En este sentido relacional y volitivo puede entenderse la frase de Aristóteles sobre el bien: «aquello a lo que todas las cosas tienden».
José Beuter

[pensamiento 6/15/14-6-13]
-fragmento de un escrito más amplio-
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Repensar el concepto de beneficio – [pens.]

Dibujo beneficio      Hemos de repensar el concepto de beneficio y especialmente el de beneficio económico. Del latín: beneficium, significa, en su primera acepción (RAE), “bien que se hace o se recibe”.

El beneficio, como el bien que señala, es un concepto inclusivo. También lo es (o debería serlo) el beneficio económico. Inclusivo en su doble vertiente: respecto de las cosas que incluye y respecto de las formas en las que tales cosas son incluidas. Es decir, cualquier tipo de beneficio es mayor cuantas más cosas incluya y de cuantas más formas benéficas diferentes. El concepto de beneficio es inclusivo como lo es el amor.

Cuando una empresa financiera obtiene un beneficio, éste es mayor si ha beneficiado al mayor número de personas posible (propietarios, trabajadores, compradores, vendedores, intermediarios, transportistas, familiares, sociedad, país, planeta…), y si a estas personas o entes sociales los ha beneficiado de muchas maneras y no sólo de una (por ejemplo, si ha aportado felicidad, esperanza, amor, conocimiento, ejemplaridad, confianza, respeto, y otras cosas además de dinero). Un negocio puede generar beneficio a sus dueños pero no podrá hablarse de verdadero beneficio si éste no alcanza también a los empleados (y no sólo se limita a permitirles sobrevivir). Las personas que sólo piensan en el beneficio como algo exclusivo, de una sola dirección, desconocen la profundidad de este concepto y la felicidad que genera cuando se expande como el amor.

José Beuter

[pensamiento 6/15/30-8-12]
© 6-2015

¡Último tren a Núremberg! ¡Todos a bordo! – [pens.]

P1050245La historia debería ser reescrita. Grandes, dirigentes, presidentes, conquistadores han sido grandes criminales. Muchos han pasado a la posteridad con fama y buen nombre, otros incluso han ganado premios de la paz. Sin embargo su responsabilidad en la matanza de miles y de millones de seres inocentes no podrá ser olvidada nunca y gritará con palabras de sangre desde las blancas páginas de los libros de historia: ¡Asesinos!
Como cantó Pete Seeger: ¡Último tren a Núremberg! ¡Todos a bordo!

José Beuter

[pensamiento 6/15/23-8-13]
© 6-2015

– Para ampliar información: clic sobre los enlaces del artículo –


 


			
		

Derechos hueros: 1948-2015 – [pens.]

P1050245La declaración de Derechos Humanos luce muy bien sobre el papel. Pero más importante que la simple enunciación de los derechos es el compromiso veraz de respetarlos y garantizarlos, lo que debe concretarse en unas instancias y mecanismos legales que los hagan efectivos y eviten su vaciamiento.

José Beuter

[pensamiento 6/15/10-6-13]
© 6-2015

«Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre […]»

Declaración Universal de Derechos Humanos (Preámbulo)Logotipo ONU

 


 

 

Lo esencial – [sent.]

P1050244Mientras el mundo gira en un constante ajetreo y sus múltiples reclamos atraen nuestra atención, lo más importante transcurre muy cerca de nosotros, calladamente, y muchas veces no le prestamos atención. Lo esencial no se anuncia con trompetas.

José Beuter

[sentencia 6/15/11-1-12]
© 6-2015

Sobre el «contrato social» – [pens.]

Contrato social roto      Estos días, como tantas otras veces, he visto ancianos buscando alimentos en los contenedores de basura. Últimamente ha aumentado su número y la frecuencia con la que se ven. En esta ocasión, un grupo de ocho personas (todas menos una, de avanzada edad) había volcado un contenedor y buscaba frenéticamente comida, que luego se repartió sin disputas. Al acabar, los indigentes volvieron a poner el contenedor en su sitio y recogieron todos los restos. Una anciana de complexión débil y vestida de negro introdujo en un carrito lo que le había tocado. En su rostro había una expresión de felicidad por la comida hallada. Los otros ancianos también se marcharon contentos. Entre ellos parecía haber armonía y solidaridad. Cerca de ese contenedor había un cajero automático donde otra persona, bien entrada en años, dormía en el suelo, al lado de sus muletas. Es imposibe describir lo que sentí ante la visión de personas tan mayores y frágiles luchando por sobrevivir en la calle, cuando deberían estar cuidados y mimados por sus familiares y, en su defecto, por un estado respetuoso con los derechos humanos.

Yo me pregunto: ¿Qué pacto social hemos formalizado? ¿Por qué hablamos, desde Rousseau, del «contrato social« como algo que se da o se ha dado? Aunque el contrato social es una idea para explicar nuestra organización social y la delegación del poder individual, en realidad no sirve para explicar tales cosas, pues su propio concepto queda desmentido por la realidad, presente y pasada. El contrato social es, en todo caso, un contrato incumplido. Tampoco existe ni ha existido la «sociedad del bienestar», sino sólo la sociedad del bienestar de unos pocos. La prosperidad de algunos es mantenida por muchos esclavos modernos, cuyas vidas no son tenidas en cuenta. ¿Acaso no son Derechos Humanos la alimentación, un techo bajo el que vivir, tener una vida y vejez dignas, entre otros derechos fundamentales? ¿Cómo, repito, podemos plantear la idea del contrato social, aunque sólo sea por aproximación, en una sociedad que, holísticamente hablando, es egoísta e insolidaria, y donde sólo unos pocos (*) viven con cierta calidad de vida (y generalmente a costa de otros)?

Mientras una sola persona en el mundo pase hambre, no tenga cobijo, sea perseguida o abandonada a su suerte (o a su enfermedad) no podemos hablar de pactos rousseaunianos. El problema de una sola persona es el problema de toda la sociedad. El problema de un país es el problema de todos los países. No miremos nuestra calle, nuestro barrio o incluso nuestra nación para juzgar si existe justicia social. Miremos el mundo, miremos la pobreza, las guerras o la inmigración actual; miremos los países ricos y los países pobres; miremos la injusticia existente. ¿Acaso pensamos que la sociedad somos sólo nosotros o nuestro grupo próximo? Si cuando observamos una casa en ruinas vemos una ventana intacta o una parte de la casa que sigue en pie, aún siendo  bello ese fragmento,  ¿dejaremos de pensar, por un momento, que la casa sigue en ruinas? ¿Qué pensaría de nuestra organización social, un espectador imparcial, por ejemplo, una hipotética civilización avanzada extraterrestre? ¿Creería en el bienestar de nuestra sociedad? ¿Reflexionaría sobre nuestra estructura social como si de un pacto voluntario se tratara?

No se dan unas condiciones dignas de vida para la mayoría de seres humanos. Y dignas serían aquellas condiciones donde los derechos fundamentales no fuesen vacíos. Todos los derechos fundamentales deberían garantizarse y respetarse, no sólo la libertad. Porque la libertad de dormir bajo los puentes y rebuscar en los contenedores de basura no es realmente ninguna libertad ni ningún derecho.

Los seres humanos podemos decidir realizar, o no, ese pacto social, pero será superficialmente académico hablar de él cuando estamos tan lejos de alcanzarlo y cuando la sociedad del bienestar no es la sociedad del bienestar de todos.

José Beuter

[pensamiento 6/15/6-1-12]
© 6-2015

– Para ampliar información: clic sobre los enlaces del artículo –

(*) Actualmente en el mundo el patrimonio de sólo 85 personas es equivalente al de 3.750 millones, la mitad de la población mundial)- ver pág. 37 del enlace: VII nforme sobre exclusión y desarrollo social en España 2014

http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/16102014163616_1448.pdf


La indiferencia ante diez millones de pobres en España

Sans asile (Le Marchand de Violettes) Fernand Pelez       En el mes de mayo el INE difundió su encuesta de Condiciones de Vida del año 2014. Según esta encuesta el 22,2 por ciento de la población en España está bajo el umbral de la pobreza, así como el 30,1 por ciento de la población infantil (menores de 16 años). Sin embargo el aumento real de la precariedad (un 1,8 por ciento más que en 2013) aún puede ser mayor del que reflejan estas cifras, ya que el INE fija el umbral de riesgo de pobreza en el 60 por ciento de la mediana de los ingresos por unidad de consumo, por tanto, aumenta o disminuye en la medida en que lo haga la mediana de los ingresos. Al bajar la media de ingresos, en situaciones de crisis, una persona puede quedar por encima del umbral de pobreza, aunque sus ingresos sean escasos e insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, y todo porque mucha más gente se ha empobrecido.

El bombardeo, por los medios de comunicación, de imágenes, números, datos y contra datos tiene muchas veces un efecto desorientador, más que informativo. Nuestro cerebro se colapsa con el exceso de información. Todo ello puede aumentar la indiferencia y despreocupación hacia temas que, por su importancia, deberían centrar nuestra atención.

Los datos sobre la pobreza no tienen nombre y apellidos, su información es descarnada, y si además son porcentuales nos presentan, reducida, una realidad más amplia, personal y viva. Nadie que tenga, por ejemplo, personas enfermas en su familia dirá: -En mi familia hay un 22,2 por ciento de enfermos. Sino que pensará en las caras, nombres y circunstancias de esos familiares, a la vez que, probablemente, experimentará algún tipo de pesar o sentimiento. Puede ser más fácil dormir tras haber leído en un periódico que el 30,1 por ciento de los niños en España son pobres, que si conocemos o imaginamos a 2.237.706 niños viviendo en la miseria. Ciertamente, no podemos relacionarnos con todas las personas y por tanto no conocemos sus penas  más que por referencias (ésta es una de las aparentes dificultades para la empatía universal). Aún así, es posible imaginar y sentir el dolor ajeno. No es imprescindible conocer a todos los seres humanos para empatizar con ellos y actuar solidariamente ante sus desgracias. Sólo se precisa responsabilidad (es decir, estar dispuesto a responder por el otro) e interés por conocer aquello que pueda afectar a los demás. Esto posibilitará una lectura sensible de aquellas noticias y datos que reflejan la penurias por las que atraviesan. Es preciso, si queremos un mundo mejor, que la desgracia ajena no nos deje indiferentes y para ello debemos despertar, acrecentar nuestra sensibilidad, empatía y capacidad de reacción.

La indiferencia es uno de los males de nuestra época ¿Cómo podemos luchar contra ella?

En primer lugar. Podemos reflexionar sobre las personas que se ocultan tras los datos. Esto es, revertir, en cierta forma, el proceso de cosificación referido por Marx en el cual sólo tendemos a ver los objetos y manufacturas, y no a las personas que los han producido con su trabajo y esfuerzo. Sólo que en este caso se trata de pensar en las personas que están tras los números y la información genérica.

En segundo lugar. Podemos intentar cuantificar los datos porcentuales. En este caso, el 22,2 por ciento de personas y el 30,1 por ciento de niños que viven en España bajo el umbral de pobreza, se transforman correlativamente en 10.315.008 personas y 2.237.706 niños pobres, al aplicar el censo del 2014 (pues España cerró el 2014 con una población de 46.464.000 personas, de las que el 16 por ciento tenía menos de 16 años).

En tercer lugar. También podemos realizar experimentos mentales, por ejemplo, proyectar el 22,2 por ciento de pobreza sobre nuestra familia (tal vez esto ya esté sucediendo realmente). Podemos hacer lo mismo con los menores de 16 años de nuestro grupo familiar, sólo que aplicando el 30,1 por ciento. Elaboremos una lista de los familiares que habremos imaginado supuestamente en la pobreza y pensemos en la situación. ¿Qué sentimientos se despiertan en nosotros? ¿Cómo deben sentirse las personas que viven realmente en esas circunstancias? Imaginemos también que por un cambio dramático en nuestras circunstancias nos vemos obligados a dormir en la calle, a comer en comedores públicos, incluso a ceder temporalmente a nuestros hijos a familiares o amigos que puedan alimentarlos y cuidarlos mejor. Desgraciadamente, para un cierto número de Uds. no será necesario imaginar nada, pues ya están viviendo situaciones similares.

En cuarto lugar. Reaccionemos contra cierta tendencia actual de despreocupación ante la desgracia ajena. También ante la superficialidad y el hedonismo que acechan al ser humano en la sociedad de consumo. Cierta literatura enclavada en la autoayuda nos aconseja evitar las noticias de desgracias humanas como el hambre, terremotos, guerras, así como no frecuentar personas “perdedoras”. Si seguimos estos mensajes insolidarios nos deshumanizamos aún más. La vida no es una teleserie edulcorada. No sólo la felicidad, sino también el sufrimiento (y mucho) forman parte de ella. No podemos dar la espalda al dolor ajeno pues contribuimos a un mundo peor y más insensible que, a su vez, generará más sufrimiento. Si la causa por la que evitamos las noticias sobre los males de la humanidad es porque nos sentimos deprimidos, entonces también nos equivocamos: la empatía, solidaridad, la implicación y la ayuda a los demás es la mejor profilaxis contra el desánimo y tiende a relativizar nuestros propios males. Si la causa de nuestra inacción es, como creen algunos, que a nivel particular no podemos hacer nada por ayudar en las desgracias colectivas, estamos en otro error. Ya sea el hambre, los desastres naturales o las guerras, afectarán en mucho menor grado a la población si ésta se une y les hace frente, como ha sido demostrado repetidamente en la historia.

Por último. Podemos actuar, si es que no lo estamos haciendo ya, ante las tribulaciones ajenas, colaborar con las ONG adecuadas, ayudar en nuestros barrios. Podemos participar en debates, foros y seguir activamente las noticias para crear una corriente de opinión colectiva a favor de la solidaridad y contra la indiferencia. Podemos, en fin, decidir ser solidarios y educar en la solidaridad y el altruismo a nuestros hijos.

Aunque algunos políticos digan lo contrario, España no va bien: 10.315.008 personas pobres, de una población de 46 millones, lo contradice. Los datos deberían hacerles sonrojar y dimitir, pues menoscaban la Constitución Española, que tiene como una de sus finalidades básicas “promover el bien” de sus ciudadanos y “proteger a todos los españoles (…) en el ejercicio de los derechos humanos” (Preámbulo). El derecho al trabajo, a una remuneración suficiente para satisfacer las necesidades, el derecho a una vivienda digna y a pensiones adecuadas y actualizadas en la tercera edad, son también derechos recogidos por la Constitución Española (arts. 35, 47 y 50).

Si nos organizamos y creemos en nosotros mismos, podemos erradicar la pobreza en España (y en el mundo). Actuemos particularmente en consecuencia y reclamemos, también, de nuestros políticos esta acción inaplazable.

José Beuter

© 6-2015

 – Pintura: Sans asile (Le Marchand de Violettes) Fernand Pelez., foto: J.B.

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Lucrarse con la educación y sanidad públicas

Adaptación de la pintura de Betty Swanwick, A.R.A. en  GENESIS, SELLING ENGLAND BY THE POUND       Según recoge la prensa española, a inicios de mayo, el presidente de la patronal, Sr. Rosell afirmó, en un encuentro con empresarios de hostelería, que: “El sector público es la primera empresa del país y debe cambiar con mucha mejor gestión. Tenemos las dos grandes partidas de gasto, que son la Sanidad y la Educación, que seguro que si estuviesen gestionadas por empresarios, con criterios empresariales, yo creo que podríamos sacar mucho más rendimiento y podríamos hacer cosas de mucha mejor manera”.

En las siguientes líneas intentaremos mostrar las contradicciones y matices antidemocráticos de tales afirmaciones.

En primer lugar. Definición de criterio empresarial y criterio público. Fines propios de ambos:

Los criterios empresariales son los criterios propios de la empresa, y empresa es, según el diccionario de la RAE, la “unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios, con fines lucrativos”. Los criterios empresariales responden, así, a fines lucrativos, mientras que los fines de los poderes públicos, tal y como recoge el espíritu de la Constitución Española, responden al interés general. Sus fines son adecuados al servicio público, el cual siempre es, o debería ser, solidario y altruista.

La Constitución Española establece en sus artículos 27.5 y 43.2 que los poderes públicos garantizarán el derecho de todos a la educación; también que es a estos poderes a quien compete “organizar y tutelar la salud pública”. Pero ¿qué es un poder público? Nuevamente el diccionario de la RAE nos aclara que “se dice de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer algo, como contrapuesto a privado”. Si, según la definición de estos términos, el poder público está contrapuesto al privado, entonces la gestión privada de la Educación y Sanidad públicas, que propone el Sr. Rosell, es una contradicción en los términos. También es una propuesta antidemocrática, porque la democracia constitucional, mucho más rica y compleja que el simple concepto formal de democracia, garantiza unos derechos fundamentales que deben preservarse en su fondo y en su forma, en su contenido y en su gestión. La Educación y Sanidad pública no son sólo derechos fundamentales por su contenido sino por la forma en que la Constitución Española los organiza mediante los poderes públicos (y no privados), de forma que nadie pueda lucrarse privadamente de aquello que no es objeto de negocio sino un acto de servicio al bien común.

En segundo lugar. La gestión pública, en España, no excluye la privada. La Constitución Española garantiza en su artículo 27.6 el derecho de las personas físicas de crear centros docentes, así como reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado (art. 38). Cualquier particular o empresa privada puede abrir clínicas, mutuas, o centros de medicina. Sin embargo, la gestión privada propuesta por el Sr. Rosell sí excluiría, de realizarse, la gestión pública, pues dejaría la gestión de la Educación y Sanidad en manos privadas, restringiendo o anulando el ámbito que les es propio según la Constitución. Esto es un tipo de monopolio privado respecto de lo público. Podemos ver lo poco o nada que queda de la democracia cuando en algunos países el poder público o el privado se erigen unilateralmente como los únicos posibles, fagocitando, uno, el ámbito que le es propio al otro.

En tercer lugar. Permítasenos que dudemos del supuesto mejor rendimiento de la Sanidad y Educación públicas si son privatizadas (*) o dirigidas con criterios empresariales (es decir, de lucro). Ya hemos visto cuáles son los métodos neoliberales de la reforma laboral: disminución de salarios y de plantillas, abaratamiento del despido, aumento de la jornada laboral, contratación laboral precaria, pérdida de pagas extra, en fin, modificación a la baja de las condiciones laborales. Si se adoptasen medidas de este tipo en la Sanidad y Educación, unidas al ahorro consistente en la disminución y precarización de los servicios, se conseguiría, efectivamente, un lucro, pero no de los profesionales sanitarios o profesores, tampoco de los pacientes o alumnos, sino de unas pocas personas (privadas) que verían prosperar sus negocios a costa de unos derechos que deberían beneficiar a todos. El mundo empresarial tampoco es que sea un referente de buena praxis y gestión (al menos, no más que el sector público), tal y como nos vienen mostrando los continuos escándalos de corrupción a nivel nacional y mundial.

En cuarto lugar. La razón oculta que se esconde detrás de las declaraciones del Sr. Rosell no tiene que ver con la eficiencia organizativa. La Constitución ya establece en su artículo 31 una programación y ejecución del gasto público que debe responder a los criterios de “eficiencia y economía”, sin necesidad de que ningún poder particular se erija como reserva espiritual y patrimonio exclusivo de la eficiencia organizativa en España. La razón, pues, hay que buscarla en el apetitoso bocado-mercado que para el sector privado supondría abrir el mercado de la Sanidad y Educación públicas, con la consiguiente posibilidad de que unos pocos se lucrasen, privadamente, del ámbito público que abarca a todos los españoles. Así, la supuesta eficiencia en la gestión privada de estos entes públicos responde más bien a un afán de lucro insolidario y antidemocrático. Debemos plantearnos cuál es el tipo de mundo en el que queremos vivir y qué modelo de democracia queremos para nuestra sociedad.

José Beuter

© 6-2015

– Imágen: montaje sobre la pintura de Betty Swanwick, A.R.A. en Genesis, Seelling England By The Pound

– Para ampliar información: clic sobre los enlaces del artículo –

– (*) Respecto de la privatización de lo social leer el «Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2014» (clic en este enlace).