Estos días, como tantas otras veces, he visto ancianos buscando alimentos en los contenedores de basura. Últimamente ha aumentado su número y la frecuencia con la que se ven. En esta ocasión, un grupo de ocho personas (todas menos una, de avanzada edad) había volcado un contenedor y buscaba frenéticamente comida, que luego se repartió sin disputas. Al acabar, los indigentes volvieron a poner el contenedor en su sitio y recogieron todos los restos. Una anciana de complexión débil y vestida de negro introdujo en un carrito lo que le había tocado. En su rostro había una expresión de felicidad por la comida hallada. Los otros ancianos también se marcharon contentos. Entre ellos parecía haber armonía y solidaridad. Cerca de ese contenedor había un cajero automático donde otra persona, bien entrada en años, dormía en el suelo, al lado de sus muletas. Es imposibe describir lo que sentí ante la visión de personas tan mayores y frágiles luchando por sobrevivir en la calle, cuando deberían estar cuidados y mimados por sus familiares y, en su defecto, por un estado respetuoso con los derechos humanos.
Yo me pregunto: ¿Qué pacto social hemos formalizado? ¿Por qué hablamos, desde Rousseau, del «contrato social« como algo que se da o se ha dado? Aunque el contrato social es una idea para explicar nuestra organización social y la delegación del poder individual, en realidad no sirve para explicar tales cosas, pues su propio concepto queda desmentido por la realidad, presente y pasada. El contrato social es, en todo caso, un contrato incumplido. Tampoco existe ni ha existido la «sociedad del bienestar», sino sólo la sociedad del bienestar de unos pocos. La prosperidad de algunos es mantenida por muchos esclavos modernos, cuyas vidas no son tenidas en cuenta. ¿Acaso no son Derechos Humanos la alimentación, un techo bajo el que vivir, tener una vida y vejez dignas, entre otros derechos fundamentales? ¿Cómo, repito, podemos plantear la idea del contrato social, aunque sólo sea por aproximación, en una sociedad que, holísticamente hablando, es egoísta e insolidaria, y donde sólo unos pocos (*) viven con cierta calidad de vida (y generalmente a costa de otros)?
Mientras una sola persona en el mundo pase hambre, no tenga cobijo, sea perseguida o abandonada a su suerte (o a su enfermedad) no podemos hablar de pactos rousseaunianos. El problema de una sola persona es el problema de toda la sociedad. El problema de un país es el problema de todos los países. No miremos nuestra calle, nuestro barrio o incluso nuestra nación para juzgar si existe justicia social. Miremos el mundo, miremos la pobreza, las guerras o la inmigración actual; miremos los países ricos y los países pobres; miremos la injusticia existente. ¿Acaso pensamos que la sociedad somos sólo nosotros o nuestro grupo próximo? Si cuando observamos una casa en ruinas vemos una ventana intacta o una parte de la casa que sigue en pie, aún siendo bello ese fragmento, ¿dejaremos de pensar, por un momento, que la casa sigue en ruinas? ¿Qué pensaría de nuestra organización social, un espectador imparcial, por ejemplo, una hipotética civilización avanzada extraterrestre? ¿Creería en el bienestar de nuestra sociedad? ¿Reflexionaría sobre nuestra estructura social como si de un pacto voluntario se tratara?
No se dan unas condiciones dignas de vida para la mayoría de seres humanos. Y dignas serían aquellas condiciones donde los derechos fundamentales no fuesen vacíos. Todos los derechos fundamentales deberían garantizarse y respetarse, no sólo la libertad. Porque la libertad de dormir bajo los puentes y rebuscar en los contenedores de basura no es realmente ninguna libertad ni ningún derecho.
Los seres humanos podemos decidir realizar, o no, ese pacto social, pero será superficialmente académico hablar de él cuando estamos tan lejos de alcanzarlo y cuando la sociedad del bienestar no es la sociedad del bienestar de todos.
José Beuter
[pensamiento 6/15/6-1-12]
© 6-2015
– Para ampliar información: clic sobre los enlaces del artículo –
(*) Actualmente en el mundo el patrimonio de sólo 85 personas es equivalente al de 3.750 millones, la mitad de la población mundial)- ver pág. 37 del enlace: VII nforme sobre exclusión y desarrollo social en España 2014 –
http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/capitulos/pdf/16102014163616_1448.pdf